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Iban Zaldua revela el “efecto corruptor” de la violencia en la sociedad vasca

Una de las singularidades de estas microhistorias es situar el foco en la "cotidianeidad". El grueso del libro "no se centra tanto en los actores fundamentales" de la historia reciente de Euskadi sino en los "efectos corruptores que tuvo la violencia en el día a día de la sociedad", señala Zaldua en una entrevista con EFE.

Esta es la impresión que recoge Zadua como profesor universitario.

Mercedes Zabaleta. // San Sebastián, 25 nov (EFE).- Iban Zaldua lleva más de veinte años escribiendo relatos sobre la violencia en el País Vasco. Ahora ha reunido 42 de ellos en “Como si todo hubiera pasado”, una recopilación que escudriña los “efectos corruptores” del terrorismo de ETA en la sociedad vasca.

“Como si todo hubiera pasado” recoge pequeñas historias escritas entre 1999 y 2018 sobre el “conflicto vasco”, que Zaldua (San Sebastián, 1966) denomina “La Cosa”, muchas de las cuales se publican por primera vez en castellano, traducidas por el propio autor, Premio Euskadi de Literatura en Euskera en 2006 por “Etorkizuna” (“Porvenir”) y de Ensayo en 2013 por “Ese idioma raro y poderoso”, además de ganador del de Literatura Infantil y Juvenil en 2012.

Una de las singularidades de estas microhistorias es situar el foco en la “cotidianeidad”. El grueso del libro “no se centra tanto en los actores fundamentales” de la historia reciente de Euskadi sino en los “efectos corruptores que tuvo la violencia en el día a día de la sociedad”, señala Zaldua en una entrevista con EFE.

“Está más cercano a la posición que ocupaba como testigo inserto en la sociedad vasca”, reconoce Zaldua, que asegura que su escritura está hecha “a golpe de intuición” sobre “cuestiones que te van cargando por dentro y tienes que intentar sacarlas por donde puedas”.

Por sus relatos desfilan personajes como un ertzaina infiltrado, víctimas de ETA, militantes de Euskadiko Ezkerra, como lo fue durante años el propio Zaldua, o etarras que hacen seguimientos a posibles objetivos, pero, sobre todo, se suceden situaciones, como el silencio que se imponen a sí mismos dos amigos para no hablar de política y otras muestras de la complejidad del vivir diario en el País Vasco bajo la losa de la violencia.

Ahora, “en esta época feliz, en la que en Euskadi “estamos flotando después del peso que nos hemos quitado de encima” con el cese del terrorismo, “una de las tentaciones es pasar por encima”, advierte.

En uno de sus últimos relatos, titulado “Como si nada hubiera pasado”, uno de sus protagonistas, acérrimo seguidor de la izquierda abertzale durante años, se retrata como una persona que “siempre ha estado a favor del proceso de paz, siempre en contra de la violencia”.

“Es una de las maneras de abordar los conflictos; por medio del olvido y no de la memoria”, señala.

Como historiador (Zaldua es profesor de Historia en la Universidad del País Vasco), y consciente de que la “escala es diferente”, recuerda que en Alemania tras la Segunda Guerra Mundial el hecho de establecer un relato fue importante. “Un mínimo común denominador sobre lo sucedido es necesario si queremos que las cosas no se repitan”, añade.

Pero en España “todavía no se ha logrado un relato consensuado sobre la Guerra Civil” y cree que en lo relacionado con el terrorismo de ETA “tampoco se va a lograr”. “Y más, tal y como está el debate político actual”, afirma.

Sin embargo, percibe “movimientos interesantes” en algunas actuaciones que se han llevado a cabo desde al Ayuntamiento de Errenteria, el Instituto Gogora del Gobierno Vasco o la Fundación Fernando Buesa, pero “en los extremos todavía hay muchas reticencias y mucha imposiciones”.

Sobre el riesgo de diluir a ETA en un mar de violencias, Zaldua cree que “una cosa es dar más importancia” a la banda terrorista, porque “es la causante del mayor dolor en el País Vasco en los últimos 40 años”, y otra “no incluir otros hechos en el relato”.

En todo caso defiende que la sociedad debe “rebobinar” sobre su actitud, “hablar” y “volver a poner sobre la mesa cuestiones” sobre las que se había impuesto “un silencio, para sobrevivir”.

Considera que además de hacer homenajes a las víctimas y poner placas en su memoria es necesario “juntar a la gente e intentar trasladar a las generaciones siguientes una visión de lo que ha pasado”, para que los jóvenes no lo perciban como algo lejano.

Esta es la impresión que recoge Zadua como profesor universitario.

“Por un lado, algunos jóvenes de 20 años tienen cierta nostalgia falsa por una cierta visión épica que les han trasmitido de la ‘kale borroka’ o del ‘rock radical’ vasco, algo que ellos no han vivido”, pero es “más generalizado” un “preocupante desconocimiento” sobre lo que se ha vivido, “que les suena tan lejano como el código de Hammurabi”, concluye.EFE

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