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ONG alemana de asistencia alerta del riesgo de desintegración social del país

El aviso lo lanza Diakonie, una ONG evangélica de asistencia social que apela a las instituciones a prestar más atención a quienes padecen esa deficiente inserción y que o bien no encuentran modo de hacerse oír o han optado por no participar en una nueva Alemania que les resulta ajena.

Lilie menciona el fenómeno en Alemania del "capitalismo cultural", que sitúa en la cúspide a una elite "que no son necesariamente ricos en el sentido material sino en el ámbito del mundo digital".

Javier Alonso // Berlín, 5 dic (EFE).- Alemania enfrenta la desintegración social en zonas, especialmente del este del país y donde además crece el voto a la ultraderecha, en las que la resistencia a asumir la inmigración encuentra además una sociedad crecientemente diversa, alerta el presidente de la ONG Diakonie, Jurgen Lilie, en una entrevista con Efe.

El aviso lo lanza Diakonie, una ONG evangélica de asistencia social que apela a las instituciones a prestar más atención a quienes padecen esa deficiente inserción y que o bien no encuentran modo de hacerse oír o han optado por no participar en una nueva Alemania que les resulta ajena.

Esa realidad coincide en los nuevos “länder” (estados federados) con la ausencia de entidades fuertes de la sociedad civil, casi inexistentes tras la desaparición del estado comunista, dijo a Efe Jürgen Lilie, presidente de esta organización protestante.

En la antigua Alemania del Este “no se confiaba en el Estado pero este era el responsable de todo. En la RDA no había una sociedad civil en este sentido, todo eran organizaciones estatales”, recuerda.

“Ahora se le pide a la gente que se comprometa y es que el Estado no hace todo. Hay áreas en las que (la gente) tiene que asumir sus responsabilidades y una entera generación que tiene que aprender a hacerlo, pero muchos se han sentido superados por las circunstancias”, explica Lilie.

En el este del país conviven además dos realidades, la de centros históricos reciente y cuidadosamente restaurados y la de barrios enteros carentes de equipamientos sociales, donde cunde la frustración, sobre todo entre los jóvenes.

Lilie ve el creciente apoyo en el este del país a la ultraderechista Alternativa por Alemania (AfD) precisamente como una “corrección” al problema de “representación” de esos ciudadanos, que no se sienten escuchados por los partidos políticos tradicionales.

Lo explica en un libro que acaba de publicar, “Unerhört!”, título que alude tanto a quienes se sienten desatendidos en su propio país como a la indignación que causa esa situación.

Para que esa “corrección” en las urnas no dé a Alemania un vuelco sin posibilidad de marcha atrás Lilie explica que debe servir para “saber dónde pasan cosas en este país que debamos observar y cómo podemos preocuparnos de que la gente participe”.

La Alemania de 2018 “se ha convertido en un país más secular y, al mismo tiempo y por la globalización, progresivamente más variado, tanto religiosa como culturalmente”, constata.

Pero reconoce que “a mucha gente eso le parece demasiado, no estaban preparados para ello” y aunque en zonas del país esa multiculturalidad da “color”, en otras son numerosos los que sienten que el Gobierno y los políticos ignoran “cómo funciona la convivencia en una sociedad cada vez más compleja”.

La acogida masiva de refugiados en Alemania en 2015 “lamentablemente se explicó muy mal. En segundo lugar se sintonizó mal en Europa. Seguramente todo fue un error político y se puede corregir mal”, advierte.

Alude a los más de 13 millones de personas que sufren en Alemania las consecuencias de ser “relativamente pobres” y que son expulsadas del centro de las ciudades por el encarecimiento de la vivienda y que tienen terror a no poder pagar el alquiler.

Esos son los alemanes al borde de la sociedad: los más jóvenes, familias monoparentales, sobre todo mujeres con hasta tres hijos y en dificultades por una reciente separación o los parados de larga duración, explica.

Advierte además del fenómeno de las ciudades “ricas” que prestan asistencia suficiente a gente con bajos ingresos y que emigran a ellas, mientras que en zonas rurales la población envejece, carece de guarderías y está al margen de la digitalización.

Eso provoca lo que denomina la “emigración de la pobreza” hacia zonas en las que la vivienda es más accesible, lo que plantea el reto de cómo hacer “para que las regiones rurales y las que se quedan detrás vuelvan a ser atractivas”.

Lilie menciona el fenómeno en Alemania del “capitalismo cultural”, que sitúa en la cúspide a una elite “que no son necesariamente ricos en el sentido material sino en el ámbito del mundo digital”.

“Esos son los que juegan y los demás son los provincianos. Y luego hay otro tercio, que están descolgados” de una sociedad que ve cada vez más compartimentada en “burbujas” que no están conectadas entre sí.

Ahí ve Lilie el caldo de cultivo del electorado de la ultraderecha: ciudadanos “que no entienden nada, que son aburridos, de los que uno se puede olvidar”, dicho desde la mentalidad de quien “es moderno” y está al tanto de “las últimas obras de teatro y del cine y la música y tienen el último modelo de Ipad”.

“Es la hora de la sociedad civil. La política ha sido superada hace tiempo”, resume Lilie, para quien “la integración es una carrera de maratón, no es una cosa de tres meses, sino de años”. EFE

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