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Opciones de lujo para aislar a las madres durante el postparto en China

En el primer mes del postparto, según la tradición china, las mujeres necesitan cuidados extremos y mucho reposo, por lo que la madre se dedica exclusivamente a descansar y el cuidado del bebé se delega a otras personas de la familia, aunque no al padre.

Tras la llegada del bebé, los padres suelen quedarse al margen de su cuidado, ya que el disfrute del permiso de paternidad no está muy extendido en China.

Jèssica Martorell // Pekín, 2 dic (EFE).- Parece un hotel de lujo, pero las precauciones y el aislamiento hacen pensar que dentro de este centro en Pekín hay personas con alguna enfermedad contagiosa. Sin embargo, solo hay madres y bebés confinados para pasar la “cuarentena” tras el parto, durante la que los padres suelen quedar al margen.

En el primer mes del postparto, según la tradición china, las mujeres necesitan cuidados extremos y mucho reposo, por lo que la madre se dedica exclusivamente a descansar y el cuidado del bebé se delega a otras personas de la familia, aunque no al padre.

Pese a que existe el permiso de paternidad -los días depende de la ciudad en la que se resida-, su concesión suele estar a la discreción de la empresa y muy pocos padres acaban disfrutándolo.

El tradicional ‘zuo yuezi’ -como se conoce a este mes de reposo para las madres en China- ha tenido que modernizarse ante los cambios que vive el país asiático, con un gran flujo de migrantes que llegan a las grandes ciudades sin sus familias cerca.

Para las parejas que no cuentan con ayuda familiar existen diferentes posibilidades: desde centros de lujo donde las madres se encierran para recuperarse hasta niñeras internas que se encargan por completo del bebé.

A las afueras de Pekín, un centro ofrece habitaciones de lujo de entre 288.000 y 78.800 yuanes (entre 36.400 y 10.000 euros) para hospedar a las madres, que pueden disfrutar durante un mes de masajes, yoga o talleres de manualidades mientras el personal cuida de sus bebés.

El objetivo es que el postparto sea un mes relajado. Por eso, las madres cuentan con una ayudante 24 horas al día que se encarga del recién nacido -sus primeros baños, curas del cordón umbilical o masajes con cremas-, e incluso por la noche se levanta cuando llora para que las madres puedan descansar.

La intimidad para crear un vínculo entre madre y bebé pasa a un segundo plano en este centro, donde el aislamiento al que son sometidas se asemeja más bien al de una persona enferma.

Incluso los familiares que las visitan -sus maridos pueden quedarse a dormir si lo desean- deben hacerlo con mascarilla y después de que el personal del centro les haya tomado la temperatura.

“Durante los primeros diez días, no pueden salir a la calle (para evitar el frío). A partir de entonces, solo si el médico lo recomienda”, comenta a Efe Zhen, una de las gerentes del centro. “También el médico decide si pueden lavarse el pelo, depende del estado de salud de la madre”, añade.

Estas son algunas de las costumbres del ‘zuo yuezi’, que, en los casos más extremos, prohíbe a las madres beber agua fría o ducharse durante un mes, una tradición que se remonta a aquellos tiempos en los que la falta de agua limpia podía infectar sus heridas.

Debido a la presión a la que son sometidas tras dar a luz, cerca del 15 % de las madres primerizas sufren depresión postparto en China, donde el 85 % reconoce haberse sentido triste tras el parto, según cifras divulgadas por los medios locales.

Otra alternativa a la que recurren muchas parejas es contratar a niñeras profesionales por unos 20.000 yuanes (2.500 euros) al mes.

“La niñera cada día cuida al bebé, le da de comer o lo limpia. Además se encarga de hacerme comidas especiales y masajes para la recuperación”, cuenta Lin, madre primeriza que ha optado por esta opción para evitar que sus familiares se instalen en su casa durante un mes.

“Estas niñeras tienen más experiencia en el cuidado de los bebés y así evitamos los líos entre los familiares”, asegura.

Tras la llegada del bebé, los padres suelen quedarse al margen de su cuidado, ya que el disfrute del permiso de paternidad no está muy extendido en China.

Sin embargo, existe una nueva generación de padres cada vez más involucrada en la crianza de sus hijos. “Me cogí dos semanas libres y pagadas por mi empresa cuando nació el bebé. Quería tener esos días porque en casa me necesitaban”, comenta Li Biao, residente en Pekín.

Pero no todas las empresas lo permiten. “El laboratorio donde trabajo no me lo ofrece. Me gustaría tenerlo porque los padres necesitamos tiempo para adaptarnos a nuestro nuevo rol”, comenta Xu Le, que dentro de unas semanas será padre primerizo.

“También necesitamos tiempo para establecer la relación con nuestros hijos”, reivindica. EFE

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