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Elementos tóxicos: no ensucien Andalucía

Sin unidad, Andalucía no podrá obtener soberanía. Es urgente, es deber de conciencia, descubrir y neutralizar las personas y grupos que sólo buscan su propio protagonismo

Lo único que debe destacar: Andalucía

RPNews // 6 enero 2019.- Una pizca de sal * Rafael Sanmartín

Andalucía, Comunidad dónde casi cada día hay que salir en defensa de su dignidad, en reclamación de respeto a su presente, a su pasado, a su futuro. A su cultura, a su historia manoseada, tergiversada por intereses espúreos, malinterpretaciones, casi siempre intencionadas, debe mirar con cuidado hacia dentro. Hacia dentro para conocerse. Y para defenderse de intereses ajenos defendidos por servidores de esa falsedad; que hay ventas motivadas por intereses ya sean económicos o de posición -muchas veces de falsa posición- y hasta por simple creencia en la preponderancia de lo exterior. Pero también hay que defenderse de falsos profetas, los peores, los más dañinos y peligrosos, en tanto simulan, juegan a ser defensores de los intereses de Andalucía, cuando tan sólo persiguen los suyos propios. Intereses nunca claros, que la mayor parte de las veces ni siquiera pueden encajarse en la economía, sino sólo en la pedantería, en la figuración, la figuratividad, en el placer de auto considerarse guía, sostén, “redentor” mesiánico, engreído auto constituido en santón.

Dediquemos, pues, una hornacina a los santones, para dejarlos en ella inmóviles, inactivos. Si sentirse adorados es su obsesión, hagámosles sentirse adorados. Pero para que no intervengan. Que no incordien. Que no destruyan. Que no dividan a los andaluces. Porque ese es, en realidad, su principal quehacer. Por eso, mejor derribemos la hornacina que ellos mismos se han erigido y pongámoslos en su sitio. En su casa, que es dónde menos daño pueden hacer a la sociedad andaluza. Porque los elementos tóxicos, cuyo objetivo es figurar a costa de romper y dividir a los andaluces, no merecen adoración alguna. Ni siquiera atención.

Hay quienes tienen un limitado poder de atracción. Quizá de tanto creerse especiales, convencieron a algunos de serlo, se adjudican una representatividad que nadie les ha otorgado, y se anuncian como únicos organizadores de los grandes eventos de nuestra historia reciente. A nadie asiste semejante derecho, menos aún a estos impostores. En nombre de Andalucía, de nuestro crecimiento, de la reivindicación de un derecho inalienable, quienes luchamos por la unidad tenemos el deber de aislar a estos seres tóxicos, que, porque fueron de los primeros en publicar un libro, o porque usan el apellido “revolucionario” -lo sean o no, más bien no- y se arriman al buen ascua del anterior, o al del que busca crear polémica innecesaria para estar en primer plano, han obtenido una muy limitada credibilidad que les hace sentirse crecidos. Ellos tienen las ideas bien claras: no buscan mejorar Andalucia. A su manera, a su pobre y tosca manera, buscan promoción personal. Tengámoslas claras, también, los demás: descubrámosles. Denunciémosles. No somos sus denunciantes quienes creamos división; la vienen creando ellos desde la primera vez que se reunieron para exclusivizar un movimiento que es y debe ser de toda Andalucía.

Banderas de Andalucía. En Andalucía sobran los protagonismos

Ya hicieron bastante con el ridículo de una manifestación infrautilizada, crecida y sacada del absoluto ridículo, tan solo por la coincidencia casual de grupos disconformes con los resultados electorales, lo que les permitió disimular levemente el fracaso. Andalucía necesita y merece respeto, sobre todo de quienes se dicen defensores de sus derechos. Porque del respeto y sólo del respeto podrá partir el principio de lucha seria, organizada y eficaz por esos derechos, hoy conculcados desde España y desde la Unión europea, con el agravante del aumento de esa conculcación por parte de estos supuestos “salvadores” que, con su labor egoísta, ególatra, nefasta, sólo sirven para entorpecer el trabajo que Andalucía necesita, que no es el que ellos necesitan. Los hechos lo demuestran.

Los andaluces tenemos la necesidad y el deber de unirnos. No forzosamente de realizar una unidad orgánica plena de todos los grupos, pero sí de poner en común todo lo poco o mucho que tengamos en común, para trabajar juntos en todo cuanto haya coincidencia, que no es poco. Una de las principales actividades que tenemos ante nosotros es la reivindicación en fechas señaladas, como la del próximo 28 de febrero, la más cercana en el tiempo. Este año con más motivos, porque, tras los resultados del 2 de diciembre, hasta lo que conseguimos con la lucha generosa de todo el pueblo nos lo quieren quitar. No podemos permitir que eso ocurra y, para eso, tenemos que marchar unidos, juntos, este 28 de febrero, porque debemos dar un mensaje claro y unitario al españolismo trasnochado que nos quiere devolver a la oscuridad de la dictadura. Para eso es imprescindible trabajar juntos y descubrir, denunciar y dar de lado a quienes sólo quieren aprovechar una manifestación para “lucirse” como organizadores únicos. Desgraciado lucimiento el de quienes ponen su egoísmo y su egolatría personales por delante de los intereses del pueblo andaluz.

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