free estadisticas Podemos: la vuelta al felipismo – La Nueva Andalucía

Podemos: la vuelta al felipismo

Podemos sigue la dinámica del partido mal llamado “socialista”, a partir de la victoria en Suresnes del “Grupo de Sevilla”

odemos no ha creado nada. Por no crear, ni siquiera el 15-M, de cuya fuerza inicial simplemente se aprovechó

RPNews // 23 julio 2018.- Rafael Sanmartín

Es una lucha eterna. Setecientos años en ella. (“Y lo que te rondaré”). Podemos no ha creado nada. Por no crear, ni siquiera el 15-M, de cuya fuerza inicial simplemente se aprovechó, aunque no haya sabido aprovechar el impulso, por una sola razón: porque eso hubiera exigido la honradez suficiente para mantener los motivos, las causas, la reivindicación de aquel movimiento que terminó cansado y que, por lo que se ve, sólo sirvió para que unos cuantos muy preparados, lo utilizaran para situarse.

Podemos, o sea, Pablo Iglesias, pese a hacer nacido de los rescoldos del 15-M, no sigue sus principios, sino justamente los más criticados por aquel movimiento anti-fascista y anti-capitalista. Podemos sigue la dinámica del partido mal llamado “socialista”, a partir de la victoria en Suresnes del “Grupo de Sevilla”, apadrinado por la IS, personificada en los personajes del momento: Willy Brandt, Carlos Andrés Pérez, Francois Mitterrand y, en menor medida, Olof Palme, que por algo era el más socialista de los cuatro. Esta gente probablemente no tenga padrinos; sólo les queda la ambición

Si, Podemos tiene una ambición. Como cualquier partido que se precie y quiera mantener un puesto en el Parlamento, una no, tiene dos ambiciones: la de mantenerse, es decir, ocupar despachos. Y la unidad de “su” España. De su modelo de Estado, que no es otro que el diseñado por la cúpula del partido mucho más español que socialista. Pablo Iglesias y sus secuaces no recuerdan, o no conocieron, la debacle sufrida por UCD, por definirse contra Andalucía. A ellos no les preocupa perder la mayor parte de la militancia andaluza de su partido. Les preocupa mucho más la posibilidad de perder o ver diluida su influencia en la Nación andaluza, por la pérdida de autoridad que eso significa y, sobre todo, por cuanto tiene de afirmación propia. Una afirmación que, como tal, se coloca automáticamente contra el funesto intento podemista de -en la mejor línea paralela con el PSOE y Ciudadanos- terminar con el Estado de las autonomías, con la trampa de una falsa “Federación”, formada por un Estado centralizado con sólo dos comunidades autónomas.

Ese esquema es el que puede romper el grupo andaluz de Podemos, incluso sin proponérselo. Pese a que el ganador en Andalucía es Maíllo, es el PCE, porque abandera un autonomismo que los comunistas nunca han querido, el hecho de constituir un grupo diferenciado dentro del propio partido, crea la imagen de entidad diferenciada, capaz de contribuir al despertar político y social de los andaluces y de recibir apoyos de otros grupos realmente andalucistas. Pero eso “no puede” ser permitido por el centralismo podemita. España no puede permitirse una Andalucía capaz de administrarse, capaz de pensar en sí misma y defender sus derechos. El interés “común” (del nacionalismo españolista) está muy por encima de los intereses del pueblo andaluz para esta gente. Iglesias es capaz de perder las tres cuartas partes de la militancia, es capaz de perder el partido en Andalucía, antes que permitir que Andalucía pueda caminar sola, que en el Parlamento se escuche la voz de Andalucía. Que en España suene la reivindicación de Andalucía.

Podemos Andalucía, Teresa Rodríguez, están en una tesitura realmente fácil. Ya se les advirtió oportunamente, aunque parece que su amor al nombre también está demasiado arraigado para pensar en su tierra con responsabilidad. Con las maniobras iglesistas, podrían tener que volver a repetir la votación. O tendrán que plegarse a las exigencias centralistas de la dirección iglesista-monederista, el támden más “ehpanñó, ehpanñó, ehpanñó” que el de Felipe-Guerra. Y la mejor solución para los podemitas andaluces: pensar en Andalucía; separarse definitivamente del “tronco madrileño”.

Pero esa solución se vislumbra extraña, imposible. Improcedente desde la óptica del partido, nada diferente a los demás partidos centralistas en lo referente a la estructura del Estado. Por lo tanto, Andalucía seguirá huérfana. ¿Seguirá? En absoluto. Hay otros grupos, otros partidos, otras personas, que ya han dado el primer paso, el más importante, para sentarse a dilucidar, a ponerse de acuerdo a fin de defender Andalucía desde Andalucía, la única forma positiva y real de defenderla/defendernos. Un grupo de partidos con intereses y dinámicas diferentes, pero con un punto en común: trabajar por mejorar Andalucía, por mejorar la vida de los andaluces, por defender sus derechos. Puede ser poca cosa. Podría ser. Menos era Podemos cuando empezó. Menos era el núcleo original del PP, aquella AP de Fraga, formada por siete partidos, cada uno de ellos con media docena de militantes, dónde el más “progresista” era el europeísta de Areilza. Mucho menos era el PSOE en 1977 y dos años después consiguió diez millones de votos.

Lo importante es ser capaz de ilusionar a los andaluces. Pero de ilusionarlos con realidades, con honradez, con compromiso. Con compromisos con Andalucía, no con los depredadores de Andalucía, como han hecho los demás. No con palabras: con hechos. Hay que ofrecer a los andaluces alternativas prácticas, reales, comprensibles, asumibles. Soluciones. Por muy grande que sea la campaña venidera de las lenguas viperinas y sus medios adictos -adictos o dirigentes, habría que analizarlo-, la honradez es lo único que llega al final. Y al final, un pueblo viejo como el andaluz, dónde todavía no ha calado el adocenamiento programado, a pesar de todos los esfuerzos, es capaz de volver a levantar la cabeza y sacar de nuevo su dignidad, como aquel 4 de diciembre de 1977. Como aquel 28 de febrero de 1980.

Eso, ni siquiera un Podemos autónomo sería capaz de conseguirlo. Porque siempre arrastrará el lastre de su pasado, de su convicción unitarista, de la presión recibida desde la estructura central del partido. Sólo los grupos y las personas a quienes realmente duele Andalucía, quienes piensan en Andalucía y viven por Andalucía, no necesariamente juntos, pero unidos en una idea, un ideal común, serán capaces de sacar de la pobreza a esta Comunidad, a esta Nación regionalizada por la política imperialista del Estado opresor; terminar con la dependencia y la humillación.

Y volver a ser tierra de luz. Tierra de hombres y mujeres de luz, dónde se pueda volver a vivir, sin permitir que nadie nos quite lo que es nuestro.

1 comentario en Podemos: la vuelta al felipismo

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*


Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies