free estadisticas Sin miedo a las críticas: la razón sólo la da la razón; esto no son formas de venir – La Nueva Andalucía

Sin miedo a las críticas: la razón sólo la da la razón; esto no son formas de venir

Violencia e invasión son palabras complementarias. Una invasión puede ser más o menos violenta, pero siempre es violenta. La emigración es pacífica y debe serlo

Paisaje propio tras la "toma" de una ciudad "sitiada"

RPNews // 26 agosto 2018.- Una pizca de sal * Rafael Sanmartín

Nadie hay más indicados que los andaluces para comprender al emigrante, a quien busca una vida un poco mejor. Afortunadamente hechos al mestizaje, y con la cuarta parte de nuestra población obligada a buscar su pan en otros lugares, somos los más indicados para aplicar la lógica y recordar cómo fueron tratados nuestros dos millones de andaluces en Cataluña, en Bilbao, en Madrid, en Alemania… Devueltos directamente desde la estación, vivir en barracones, cuando no en chabolas, ocupar los trabajos más bajos y siempre despreciados por los nativos. No tenemos derecho a devolver a otros las infamias que se cometieron con nosotros. Nadie es culpable de ser de una raza, de un sexo, de un país, de un color o una condición sexual. Ni pueden llamarse culpa a ninguna de esas circunstancias, ni tampoco otorgan razón alguna. La razón sólo la da la razón, y la tiene quien la tiene, independientemente de su color, extracción social, condición genética, lugar de procedencia…

Las devoluciones llamadas “en caliente” que los andaluces sufrieron en los sesenta del siglo pasado, son ilegales. Están prohibidas, por fortuna. Con todo, lo grave no es su ilegalidad, porque la legalidad se legisla. Es que son ilegales porque son inhumanas. A una persona que acude en busca de un trabajo, de una vida mejor, en el peor de los casos se le puede decir que no existe lo que busca. Pero merece trato humano, atención al menos temporal. El gobierno ha hecho caso en parte a la sugerencia de la Asamblea Nacional Andaluza y construye un Centro de refugiados en Motril. Alguno más hace falta en la zona atlántica, pues toda persona que acude pacíficamente en busca de una vida mejor debe ser bien tratada, antes de buscarle una ubicación, ya sea en la zona, en otra zona o en su propio país de procedencia, si procediera. Pero siempre con las mínimas garantías de trato humano y de posibilitar solución real a su problema.

Permítase un rápido “flash back”, para recordar que buscaban un mejor lugar para vivir, las tribus invasoras que en los siglos III y IV destruyeron el Imperio, robaron, violaron, esquilmaron, se apropiaron territorios, se auto erigieron en gobernantes de los nativos, se impusieron por la fuerza, pero jamás podían tener ningún derecho sobre los invadidos. Es conveniente recordar su condición de invasores, por violentos y porque debe trazarse una línea, bien visible, entre la migración pacífica y la que llega a semejarse a una invasión, si no en cantidad -por ahora- sí en estilo y forma. Los emigrantes deben ser bien tratados. Humanamente tratados y ayudados en la medida de lo posible. Quienes entran en tropel, en número, por la fuerza y con violencia, deben tener una consideración bien distinta.

Esto no es racismo. Racismo es tratar a la gente por su procedencia y aquí, contrariamente, se reclama respuesta a su comportamiento. Rechazamos todo trato lesivo a emigrantes; pues, por coherencia, rechazamos también la violencia del recién llegado y el trato lesivo a los nativos. Atacar a la Guardia Civil con instrumentos cortantes, ácido, cal viva y heces, está muy lejos de semejarse a una migración pacífica. Son comportamientos que no se deben permitir a los de dentro, ni tampoco a los de fuera. Por cierto, sabían de sobra a dónde tenían que dirigirse, lo que significa que venían muy bien aleccionados y se fueron directos al Centro de acogida. No atacaron a la población, es verdad, pero acaso ¿hay que esperar a que eso ocurra? ¿Es que el “pero no ha pasao ná”, puede justificar todos los descuidos, toda la irresponsabilidad, todos los complejos?

Llamemos a las cosas por su nombre: Violencia e invasión son palabras complementarias. Una invasión puede ser más o menos violenta, pero siempre es violenta. La emigración es pacífica y debe serlo. Los supuestos emigrantes que corrieron por las calles de Ceuta con gesto triunfal, después de atacar y herir a los vigilantes de la frontera, parecían arrogarse un “derecho” que no les concierne ni de lejos. Pero no estamos en la Unión Europea sólo para que nos cierren empresas y nos quiten cultivos. El problema no es de España, Italia o Malta, aunque a los países mediterráneos se ha cargado con él. El problema es de Europa, de la que España forma parte, parte que debe ser para bien y para mal, no sólo para mal. Es la Unión Europea quien tiene la responsabilidad de ocuparse de quienes llegan engañados por desaprensivos mafiosos que les sacan su dinero, con la promesa de un “paraíso” inexistente. Europa, que se gasta cientos de millones en contentar a Turquía, tiene la solución dentro. En los países ribereños. Y en África. Porque la solución definitiva no es otra que acabar con los enfrentamientos bélicos, con los señores de la guerra, con los extractores de “diamantes de sangre”. Con el esquilmado de sus riquezas para beneficio de grandes empresas europeas y norteamericanas

Ayuda a la industrialización de África, gestión inteligente, porque así podrían comprar productos y maquinaria europeos. Atención a los países ribereños, para que puedan atender la emigración de forma eficaz y honrosa. Y respuesta adecuada a los violentos, que no deben gozar de la consideración que ellos no conceden. Ni permitir el sambenito de “peligrosos” para todos los emigrantes, ni tratamiento de emigrante a los violentos, más cercanos al calificativo de invasores. Comprensión y humanidad para los primeros; respuesta firme a estos.

Los andaluces tenemos el deber de ser comprensivos con quienes buscan una vida mejor, y la UE tiene el deber de apoyarnos, para permitirnos darles una acogida humanitaria. Pero no debe darse permisividad para quien entre con violencia. Ni rechazar a unos, ni soportar daño de los que desprestigian a los primeros. Sean cien, seiscientos o seis mil. O cincuenta. Cada cual debe ser tratado como lo que es. Ni los emigrantes son peligrosos ni los violentos son emigrantes.

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*


Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies