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Villarejismo, peperismo y “rebelión” de manos desnudas

Una rebelión se hace para cambiar el sistema, el régimen. Una rebelión es igual a un golpe de Estado, pero no tiene que protagonizarla, forzosamente, por el ejército

RPNews // 4 noviembre 2018.- Una pizca de sal * Rafael Sanmartín

Al ser más inteligente del planeta, el único capaz de hacer una carrera en dos meses sin asistir a clase (es exagerado, ya; tanto como el ser), no le preocupa el “villarejismo” de su partido. Porque en su partido sólo hay “casos aislados” de corrupción. Cada vez menos aislados, pues de tantos como son, las “islas” empiezan a unirse y están formando un continente. A tan impresionante inteligencia le preocupa algo más importante y necesario para el mantenimiento de la vida en la tierra (lástima que todavía no hayan inventado como poner música en un artículo). Le preocupa la sacrosanta, inestimable e infravalorada “unidad nacional”, en peligro puesta por los infravaloradores. Vaya tela.

El idioma, la lengua que la gente de Casado y otros llaman “española”, define rebelión como “Delito contra el orden público”. Vaya tela. El Sr. Fiscal acusa a los prisioneros “preventivos” y a los manifestantes de “haber provocado” la intervención de las llamadas “fuerzas del orden”. Vaya tela. Siempre que hay una manifestación o concentración acuden las fuerzas del orden. ¿Eso es provocar? Provocar es incitar, promover. Ir a votar o estar en la calle no es provocación alguna ni hay derecho a interpretarlo así. La Justicia española, por medio de algunos de sus miembros -en este caso el Fiscal y el Juez- está exagerando; magnifica las acusaciones, será para tener dónde agarrarse. Pero tal ha sido el calibre de su exageración, que la Justicia Europea y los medios de comunicación más serios de Europa y América lo han rechazado de plano. Hasta tal punto que los exiliados ya no podrán ser juzgados en el Estado español por los supuestos delitos imputados por el Juez Llarena.

Para que exista rebelión tiene que darse un ataque al orden público. Y es evidente que ni una simple manifestación o concentración, ni presentarse ante una urna para meter en ella un voto, se acerca siquiera a la provocación de desorden público. En todo caso, que pregunten a los policías que atacaron con sus armas reglamentarias (ellos sí las tenían, carecían de ellas los atacados), a las personas concentradas a las puertas de los colegios, muchas de ellas arrastradas, incluso por escaleras, y heridas. ¿Será esa la alteración del orden a que se refiere el Sr. Fiscal? Pues ha errado gravemente el tiro. Tanto si se refiere a ello, como si lo ignora.

Sin embargo, “el ser más inteligente del mundo (y parte del extranjero)”, coherente con su preocupación, parece buscar también motivos de acusación dónde no los hay, y llama “rebelión” a la colocación y uso de urnas para que los electores puedan manifestar su preferencia. Para que lo puedan manifestar todos, quienes estén a favor y quienes estén en contra. Nadie entiende ese miedo de unos y de otros a que la gente diga lo que quiere; es tan imposible su comprensión, que políticos, jueces, fiscales, periodistas y propietarios de medios de comunicación, la rechazan, una vez recuperados de la estupefacción producida por tan disparatada acusación. ¿Rebelión sin armas? ¿Rebelión ir a votar? ¿Rebelión estar en la calle? ¿Dónde habráse podido ver semejante despropósito?

Una rebelión se hace para cambiar el sistema, el régimen. O sea, para entendernos: Una rebelión es igual a un golpe de Estado, pero no tiene que protagonizarla, forzosamente, por el ejército. Normalmente las rebeliones nacen de otras iniciativas, casi siempre del pueblo llano (sin perjuicio de que luego sean dominadas y manipuladas por partidos y otros, pero ese es otro tema). Hay que ser muy inteligente, ni Einstein ni leches ¡mucho más! para deducir que la ligera rebaja en la gravedad de acusación hecha por la abogacía del Estado llega a “pisotear el sistema, la separación de poderes”. Y más aún que eso lo sostengan quienes han judicializado un proceso político y, si acaso, ciudadano, y hayan comprometido a jueces y fiscales simpatizantes de su causa política. Eso sí que es pisotear la separación de poderes. Lumbreras. Tan “inteligente” y se te van las mejores ¿o no? Será que “el humo (de vuestro incendio integrista) ciega tus hjos”. Bien cegados que están, pardiez. “Las manifestaciones “provocaron” la intervención de la policía”. Que no, lumbreras, que la policía es enviada a todas. A todas, todas. ¿Pretendes convertirlas en delito? Pues dílo. Pero para eso hay que cambiar la Constitución, -¡Lagarto, lagarto!- con el miedo supersticioso que os da eso a los de la derecha bolsonara.

No está bien que se busque el máximo castigo posible, cuando, en todo caso, las faltas y delitos, si se dan, merecen el justo. Exagerar, por tanto, no es un juego; no es mentir para tener razón. Es más grave, porque es injusto. Injusto, sí, injusto. ¡Hay que ver! Que tu preclara y superior inteligencia no haya sido capaz de darse cuenta. ¿Cómo es tu sangre? O mejor ¿tu bilis? Y, para “mejorar” te sacas de la chistera que la ANC “debe desaparecer”. A este paso pedirás que desaparezca todo cuanto no se arrodille a tus pies. Y serás capaz de exigirlo “en nombre de la democracia”. En estos últimos desdichados ochenta años hemos tenido que sufrir muchas cosas, ninguna positiva. Pero alguno intenta dar el “dó de pecho” con cañas de pescar perdidas, con unidadespatrias y con mentiras. Lo peor es que lo intente “en nombre de la democracia”.

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