free estadisticas Y tú ¿a dónde vas? – La Nueva Andalucía

Y tú ¿a dónde vas?

La emigración forzó a salir a más de dos millones y medio de andaluces. Eran necesitados, ninguno delincuente.

Emigrantes en una estación de Andalucía, hacia Madrid, Barcelona, o..., a buscar un trabajo

RPNews //  30 diciembre 2018.- Una pizca de sal * Rafael Sanmartín

Ahora no pueden volver. Toda su vida esperando el momento y ahora no vuelven. No pueden dejar allí a sus hijos, criados en Cataluña amantes de Andalucía pero hechos al hecho catalán. Salieron con lo puesto y una maleta cerrada con cinturones o con cuerdas. El tren abarrotado, entonces se podía ir de pie, un express veintitrés horas sobre las vías. “El Sevillano”, le llamaban en Barcelona. “El catalán”, era aquí, recogía hombres en todas las estaciones, desde Sevilla a Espeluy. Solos. La familia en el pueblo, o en la capital, a la espera de que el hombre encontrara un trabajito y una vivienda, una chabola, un tugurio dónde cobijarse. La chabola la aseguraba la solidaridad de otros emigrados llegados antes; lo contaba Altamirano hace unas semanas. Tenía que tener una puerta, una mesa, dos sillas y una cama, para ser considerado vivienda y que no lo mandaran otra vez de vuelta en “el sevillano” siguiente. Así Cataluña, más específicamente Barcelona, se pobló de andaluces.

Pero no fue sólo Barcelona. Bilbao, Avilés, Madrid, dónde la calle de Alcalá reluce cuando bajan y suben los andaluces. Era el éxodo. Este era el verdadero éxodo. Más de dos millones y medio de andaluces salieron de Andalucía para no volver. Desplomaron el censo andaluz para engordar los de esas cuatro ciudades, porque aquí, los dueños de la tierra, herederos de quienes la habían recibido en pago a su ayuda en la conquista, castellanos, vascos, navarros, catalanes, no necesitan el producto de la tierra para vivir. Y la industria… la industria era un enemigo a batir, por la competencia del norte. Se empezó a desmantelar a mediados del siglo XIX y todavía sigue, porque ha habido gente con iniciativa, emprendedores se les llama ahora, y eso rompe los esquemas planteados desde el centralismo de las Españas. ¿Cómo se les ocurre a estos andaluces querer industrializar Andalucía? ¿Nos quieren dejar sin materia prima? ¿Y sin mano de obra? ¿Y sin campo para cazar y hacer negocios con los amigos o ejercer influencias en el poder? ¡Qué atrevidos son estos andaluces!

Forzaron la desindustrialización y el abandono agrícola de Andalucía. Y forzaron la emigración, que alguien tenía que poner en marcha los altos hornos, los telares, las máquinas importadas de Suiza y de Alemania. Suiza y Alemania. Otros destinos para la emigración andaluza. Pero estos sí volvieron, allí no los querían eternamente. Ni eterna ni temporalmente, pero los soportaron mientras les fueron necesarios. Nadie ha sufrido un éxodo como el andaluz; la tercera parte de su población salió en busca del sustento que el centralismo le negaba en su Nación, a sufrir el desarraigo y el desprecio que, con el tiempo, para quienes no volvieron se trocó en simpatía y compañerismo. Los andaluces trabajaban igual o mejor que los nativos. Y sus hijos se criaron y se integraron en una nueva patria, aunque igual que nunca se olvida a la madre, nunca se olvida a la matria, ellos no olvidan Andalucía. Pero aunque aquí esté su origen, su vida, su patria la tienen allí.

Los que no volvieron, porque saben qué significa integrarse. Los que no se fueron, porque han tenido ocasión de conocer el proceso. El progreso. Los que volvieron, con más motivo, porque han traído el recuerdo de su dificultad de adaptación y, lo que es peor, de la dificultad de los indígenas para aceptarlos. Nadie debe hacer a otros lo mismo que ha sufrido. Nadie que ha emigrado, que es hijo, familia, amigo, conocido de emigrantes, debe despreciar a los emigrantes. Andalucía alcanza ya los ocho millones y medio. Y necesita emigrantes. Y va a necesitar emigrantes. Porque hay trabajos que nadie quiere hacer. Porque hay trabajos para los que faltan manos. Porque un resurgimiento industrial, que tendrá que llegar -aunque la Administración española antes y ahora la española y la europea no quieran- va a suponer un revulsivo que no sólo resolverá el grave problema del paro actual. Y porque la humanidad y la solidaridad que siempre ha demostrado Andalucía, porque la solidaridad es la ternura de los pueblos, obligan a ser solidarios a quienes vienen sin nada, en busca de una vida mejor. Aunque vengan engañados, sólo hay una realidad: es Europa quien esquilma sus recursos. Es Europa quien los manda al paro y al hambre. Igual que a los andaluces. No podemos, no debemos dar la espalda a quien debemos considerar nuestro hermano por similitud, por cercanía. Con ellos hemos de repartir nuestro trozo de pan. Hacer que se sientan acogidos, impedir que se sientan despreciados, como se sintieron los andaluces hace sesenta, setenta años.

Hemos de luchar por lo nuestro, pero “lo nuestro” no es mantener la miseria, es salir de ella, es volver a ser el pueblo culto, preparado, industrial, trabajador que fuimos hasta que las espadas nos trajeron el paro y la emigración. Y hay que sentir que nuestra liberación es la liberación de todos los pueblos oprimidos. Seamos el espejo de los pueblos oprimidos. No estemos con quien nos oprime. Estemos con quien necesita más ayuda que nosotros, que ya es decir. Ser su soporte nos hará más grandes. Y nos ayudará a superarnos. Porque nos tenemos que superar. Para Andalucía Libre y para la Humanidad.

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